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Los martes son para las reflexiones...

22.4.14
Hoy quiero escribir sobre cómo me siento cada vez que escucho o leo la palabra: conciliación. 

Si a esto le unes los términos familiar y laboral, ya sabes con más exactitud por dónde van los tiros. No voy a explayarme contándote cómo me siento cada vez que intento hacer malabarismos para conseguir eso que llaman conciliar. Si existiese... creo que no me asfixiaría en el intento. 

Pero sí voy a contarte lo que siento cuando te impiden conciliar, sin más. De los años que llevo trabajando sólo se han dado pocas ocasiones en las que me he visto realmente en apuros para conciliar el trabajo con la familia. Pocas porque en la mayor parte he recurrido a mi madre, no sólo para desahogarme y contarle lo injusta que es la vida, sino para que se haga cargo de los enanos la tarde en la que no puedes llevarles al médico, ir a recoger sus notas, etc... 

Entiendo porqué mi madre no quiere pedir la jubilación anticipada, ama su trabajo, pero menuda papeleta le hubiese tocado haciendo de "abuela canguro" durante casi 24 horas y sufriendo sus efectos secundarios... Aunque la pobre mujer está siempre dispuesta a ayudarte y más cuando te mira y lee esa expresión en tus ojos que dice algo así como: "no llego a todo, menos mal que te tengo". 

Y ella para aliviarte y porque es bruja -bruja buena- y sabe lo que te ocurre te dice: "tranquila hija, qué le vamos a hacer". 

Licia Ronzulli, diputada italiana con su hija en el Parlamento Europeo
Puede que te suene un tanto exagerado, pero a veces se nos va la vida por llegar a todo... Y cuando en el trabajo no te lo ponen fácil... ves que esta sociedad, este país, no ha avanzado en nada. 

>> Estoy harta que te miren mal en la empresa cuando ese día todo se tuerce y ni tu madre, ni tu marido, ni nadie puede recoger a los niños en el cole. Si sales a tu hora es sinónimo de escaqueo. 

>> Estoy harta que te salgan con las típicas fracesitas: ¿pero no tienes con quién dejarlos? ¿no puede ir nadie a recogerlos?. Le aseguro señor/señora que he agotado todas las alternativas disponibles. Y por el momento ni mi hija de cuatro años ni mi hijo de nueve tienen la autonomía suficiente para mandarlos solos a casa. 

>> Estoy harta que te juzguen como una trabajadora que no da lo suficiente cuando pides permiso para llevar a tus hijos al colegio porque tu marido está de viaje por negocios. En cambio, trabajar 14 horas seguidas sin salir de tu despacho es sinónimo de responsabilidad. 

>> Estoy harta, me cabrea y me repatea aún más que las propias mujeres nos pongamos zancadillas a la hora de intentar conciliar vida familiar y laboral. Y sean 'ellas' -algunas hay- las que te dicen que no es un buen ejemplo para la empresa que pidas una hora para llevar a tu hijo al médico. 

>> Y ya no hablamos si tu hijo/hija se ha puesto enfermo y no tienes con quién dejarlo, a sabiendas que puedes trabajar perfectamente desde casa. Soy de esas que han dejado a su enana en el cole con 'fiebre' y se va llorando a moco tendido al trabajo pensando en lo mala madre que es y en no tener la valentía suficiente para exigir esa conciliación que te dicen que es de derecho... 

Les aseguro que es la profesión más difícil y complicada del mundo. Que no te lo ponen nada fácil. La peor pagada en comprensión y ayuda... pero aún así: la más bonita de todas. Gracias a eso quizás una sigue haciendo malabarismos y dándolo todo... aunque a veces sea necesario parar... y seguir soñando con esa conciliación vida familiar y laboral que nunca llega... 

Es algo parecido al video que te expongo a continuación y que me dedicó una buena amiga cuando tuve un día de estos conciliadores bastante complicados... gracias Patricia .... 




¿Qué opinas sobre esta reflexión de hoy martes?

Feliz día... y a pesar de todo, no perdamos el buen rollo ;)


Los martes son para las reflexiones

1.4.14
Siempre me ha llamado la atención la cita, "no dejes para mañana lo que puedes hacer hoy"... y no sé porqué ...  la mayoría de las veces la relacionamos con el 'deber' y la 'obligación'. 

Es curioso. 

Terminar el trabajo hoy, no mañana. Dedicarle más tiempo hoy a terminar un proyecto, no mañana. Poner la lavadora hoy, no mañana. Ir corriendo a recoger los paquetes hoy, no mañana... 

Es curioso. 

¿Qué pasaría si esa cita la aplicáramos a otros conceptos tan importantes como...

Programa ese viaje que tanto te apasiona hoy, no mañana. Queda con tus amigas hoy, no mañana. Haz lo que amas hoy, no mañana. Dile que le quieres hoy, no mañana. Hazte ese masaje hoy, no mañana. 

¿Por qué costará tanto?

Es curioso. 

Quizás es porque está mal visto 'quererse' o decir que te quieres y que te cuidas. 
Quizás es que está más valorado decir que dedicas mucho tiempo a lo demás o a los demás: hijos, familia, proyectos laborales... que decir que te has pasado todo el día dándote un masaje tailandés. 
Quizás es que no sabemos cómo hacerlo, y darnos el gusto de dedicarnos ese tiempo tan generoso. 

¿Y qué ocurre si perseguimos hoy nuestros sueños?

Una bonita forma de recordarlo es decorar tu pared con hojas de almanaque acompañadas con imágenes bonitas e inspiradoras... que te recuerden cada mes, que el mejor momento para realizar lo que deseas es ahora, no mañana. 



Vía



¿Qué te parece la idea?



Los martes son para las reflexiones...

11.3.14
Hace unas semanas, en una de esas quedadas de amigas que tanto hacen falta, hablábamos sobre cómo nos apegábamos a las cosas, y no me refiero sólo a lo material, sino  también nuestro apego a las relaciones, ya sean profesionales, de amistad, familiar o sentimental. Entre el café y las risas nos pusimos hasta serias cuando comentábamos lo importante que es practicar el desapego. 

El apego es un estado emocional -casi compulsivo- que tenemos hacia una persona o cosa determinada con la firme creencia de que sin ella no podríamos ser felices. Y digo ser felices, no 'vivir'. 

Sobre todo hablábamos sobre ese apego que tenemos hacia ciertas personas que, por una cosa u otra, no conseguimos 'llegar a ellas', aferrándonos a mejorar unas relaciones donde no existe el mismo feedback de una parte y de otra. Da igual la persona, tu padre, tu hermana, tu jefe, tu vecino... 

No conseguir tener una 'mejor relación' con esa persona, o una relación mucho más sana y cordial... es  desde donde parten todas nuestras angustias. 

Después de esa quedada recurrí a un texto de Anthony de Mello que nos comentó una amiga, 'El arte del desapego'. En este texto comenta que nada ni nadie nos pertenece, que no estamos aquí para poseer cosas o personas y que debemos soltarlas. "Si no renunciamos a lo viejo, ¿cómo puede haber espacio para lo nuevo?". 

Algo así como, intentar renunciar a personas o cosas que no nos satisfacen, o no nos hacen el mundo tan bonito como quisiéramos, para que lleguen cosas y personas realmente estupendas a nuestra vida. Hay que darles lugar. Igual que el FS, deshacerte de lo viejo para que entre lo nuevo ;) 

"¿A qué estás apegado?, ¿qué temes perder?, ¿personas que ya no amas o no te aman, vínculos que te lastiman que aún prefieres conservar?. ¿Profesiones que ya no te desafían a poner en ellas todo tu potencial?". Yo cuando leí estas preguntas me quedé un tanto pensativa la verdad... Quizás te preguntes que menudo sicoanálisis... pero a veces las preguntas más sencillas son las que tienen mayor significado. 

Me apetece compartir contigo las tres verdades que, según De Mello, debes considerar con respecto al desapego. 

Primera Verdad. Estás aferrad@ a una falsa creencia, a saber, que sin una cosa o persona determinada no puedes ser feliz. Examina tus apegos. 

Segunda Verdad. Si te limitas a disfrutar las cosas, negándote a quedar apegado a ellas, negarte a creer que no podrás ser feliz sin ellas, te ahorrarás la tensión emocional que supone protegerlas y conservarlas.

Tercera Verdad.  Si aprendes a disfrutar del aroma de un millar de flores, no te aferrarás a ninguna de ellas ni sufrirás cuando no puedas conseguirla. Si tienes mil platos favoritos, la pérdida de uno de ellos te pasará inadvertida, y tu felicidad no sufrirá menoscabo. Si el rico no puede acceder al reino del gozo y de la alegría, no es porque quiera ser malo, sino porque decide ser ciego.

¿Qué opinas?

... Feliz martes...